
El Recinto Amurallado
Alcalá
de Henares ha sido una villa amurallada casi desde
sus comienzos. Ya en tiempos de los árabes existió
en la zona alta, entre la ladera occidental del Ecce Homo
y la orilla izquierda del Henares, un castillo del que han
llegado a nuestros días algunos restos.
Posteriormente,
una vez reconquistada la ciudad por los cristianos, se procedió,
no sólo a reforzar las defensas árabes, sino
que se construyó, a lo largo de diferentes periodos,
una fuerte defensa en la zona en la que comenzó a asentarse
la población que repobló la ciudad. De este
sistema defensivo hoy sólo nos queda el tramo que rodea
el recinto del Palacio Arzobispal.
Pedro
Tenorio, prelado que se caracterizó por sus obras
militares, reforzará las defensas de la ciudad en el
siglo XIV, conservándose hoy en día tres
torreones con su escudo. Uno de ellos,el más bello,
lleva precisamente su nombre.
Este
último torreón, que separa la plaza de las
Bernardas de la plaza del Palacio, está
decorado con saeteras y matacanes que nos recuerdan su origen
defensivo. También posee, debido a la reforma de Manuel
Laredo, un curioso balcón decimonónico de
estilo tudor que lo une al ala del salón de concilios.
Don
Pedro dotó al Palacio Arzobispal, que reconstruye
casi completamente, de un patio de armas de base aproximadamente
rectangular y de más de dos hectáreas de superficie
y lo rodea con una fuerte cerca de 21 torreones de
los que hoy en día quedan solamente 16,
algunos con inscripciones de lápidas procedentes de
Complutum, como las que aparecen en el torreón, restaurado
a lo largo de 1997 y 1998, que se encuentra frente al del
arzobispo Tenorio. 
Todo
ellos son de planta rectangular, salvo la de planta semicircular,
que mira a la calle Andrés Saborit, próxima
a la base de la demolida torre albarrana, que era de
planta pentagonal. Esta fue destruida en el año 1834
para usar sus piedras como material de construcción
del cementerio de la ciudad.
Hay
que destacar también el torreón que mira hacia
el paseo de los pinos ya, que en otro tiempo fue una de las
puertas de la ciudad, concretamente la de Burgos. Tras la
construcción del monasterio de monjas Bernardas en
el siglo XVII, fue cegada, trasladándose la entrada
a la ciudad al actual arco de San Bernardo.
En
el interior del recinto amurallado encontramos la antigua
Huerta del Obispo que sirve de lugar de descanso a
numerosas cigüeñas. En otro tiempo, fue lugar
de cultivo y recreo para la corte arzobispal y,
en caso de enfrentamiento bélico, refugio de
gran cantidad de población civil o militar.
Tenorio
también reconstruyó, ampliándola, la
llamada cerca de la villa, de la que apenas quedan
hoy restos.
Sí se conocen los nombres de sus diversas puertas
que, aunque no han llegado en su mayoría a nuestros
días, si se conservan en la toponimia actual de la
ciudad. Partiendo de la Puerta de Madrid, construida en el
siglo XVIII, y siguiendo en sentido contrario al de las agujas
del reloj éstas eran; la Puerta de Santa Ana
(antes del Postigo), la Puerta del Vado, la Puerta
de San Julián, la Puerta Nueva o del
Teatro (llamada también de Tenerías Nuevas),
la Puerta de Aguadores o de las Tenerías Viejas,
la Puerta de Guadalajara o de los Mártires
(ya que por ella entraron los restos de los Santos Niños),
la Puerta de Santiago, la Puerta de la Judería
y la Puerta de Burgos (luego sustituida en el cardenal
Sandoval, en el siglo XVII, y actualmente todavía en
pie, Puerta de San Bernardo).
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