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Museo Cisterciense
Dentro
del Monasterio de San Bernardo y como complemento a
su iglesia, encontramos el extraordinario Museo Cisterciense.
Este
privilegiado espacio tiene sus salas en las zonas de las
tribunas que rodean al templo y que fueron utilizadas
por los obispos de Toledo y su corte durante sus estancias
en el pegado Palacio Arzobispal.
Estas
salas son un buen ejemplo de la rehabilitación
del patrimonio cultural de la ciudad. Gracias a descubrimiento,
en enero de 1997, de la escalera que las unía con el
templo, se ha podido instalar en ellas la parte más
importante del valioso legado atesorado por la clausura
durante siglos.
A
lo largo de las siete salas y el corredor que
forman el Museo se muestran piezas de enorme valor. 
Destaca el suntuoso sillón, decorado con pintura
de oro y cristal de roca, que perteneció al fundador
de la clausura, el cardenal don Bernardo de Sandoval y
Rojas, Inquisidor General del Reino y ex colegial de la
Complutense.
En
nada desmerece tampoco el arca mandada realizar por
Felipe II en honor de su padre, Carlos I. Una hermosa
arqueta de plata labrada que, en 1977, se utilizó para
el traslado de Cisneros desde el Palacio Episcopal de Madrid
hasta La Magistral.
También
merece la pena destacar las hermosas tallas barrocas policromadas
y los lienzos de grandes dimensiones que cuelgan de sus paredes,
así como los interesantes manuscritos, documentos
y bulas papales que contiene.
Además,
hay expuestos numerosas telas y elementos decorativos y
artísticos que nos sirven para recrear el mundo
religiosos de los siglos XVII y XVIII.

Mención aparte merece el ejemplar facsímil
de la Biblia Complutense que en sus salas acoge. Una de
las obras más importantes realizadas en nuestro país
y que fue realizada por orden del cardenal Cisneros.
Una
de las partes más interesantes de este museo es la
dedicada a la recreación del funeral del fundador
de la clausura. En ella se intenta reflejar, lo más
fielmente posible, como eran este tipo de ceremonias en España
en el siglo XVII.
En
la estancia hay colocado, sobre un túmulo, un magnífico
catafalco o manto funerario, realizado con hilo de
oro y plata, sedas y terciopelo negro. También se puede
contemplar un bello Cristo en la cruz de esta misma
época y de autor desconocido. Aunque quizás
uno delos elementos más importantes de la sala sea
la recuperación de la antigua puerta que unía
el lugar con el ya antes mencionado Palacio Arzobispal.
Al
final del corredor se llega a la cocina y a la celda.
La primera, castellana y popular, con su chimenea de lumbre
alta y sus enseres y aperos. La segunda, homenaje a todas
las mujeres que han dedicado su vida a la clausura cisterciense,
compuesta, en su sencillez, por muebles y objetos originales
de los siglos XVII, XVIII y XIX; un arca, un catre, el calientacamas,
hábitos, libros de rezos ...

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