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La Iglesia Magistral
En el llamado Campus Laudabilem, donde, en tiempos
visigóticos (sobre el 414 d. J.C.), encontró Astúrico
los restos de los Santos Niños, hizo éste construir
una capilla donde guardar y poder venerar las preciadas reliquias.
En 1122, se erige una parroquia constituyéndose este punto
como centro urbano a partir del cual se desarrollará la villa
medieval. Posteriormente, y seguramente tras no pocas reconstrucciones,
se levantaría una iglesia mudéjar de nave única que a finales
del siglo XV, en tiempos del arzobispo Carrillo, alcanzó
la categoría de Colegiata. Llegamos así a los tiempos
de Cisneros cuya primera obra de envergadura acometida
en Alcalá de Henares será, precisamente, la reconstrucción
de esta colegiata que amenazaba ruina. Las obras duraron de
1497 a 1514 y el proyecto se inspiró en la catedral de Toledo.
La obra la dirigió Pedro Gumiel.
La portada principal se abre en el hastial de poniente
y es de estilo isabelino. Está enmarcada por dos pilastras
gótico-floridas y un alfiz con resalte rectangular. Bajo él,
un arco trilobulado protege un medallón en el que se representa
la imposición de la casulla a San Ildefonso, entre dos escudo
de Cisneros.
En el intradós del arco, el cordón franciscano y una bella
cenefa renacentista.
Los muros exteriores están cubiertos por un esgrafiado
de influencia segoviana.
En el muro septentrional encontramos otra portadilla
gótica de arco conopial rematado por una gran cruz. Adosado
al muro meridional está el severo claustro herreriano
del siglo XVII, con arquerías de medio punto entre pilastras
de sillería. Sus crujías están alfombradas con lápidas de
canónigos y beneficiarios de los siglos XVII al XIX. Terminado
de construir hacia 1614, se puede atribuir a la escuela arquitectónica
de los Mora. Frente al claustro, sobre el estrado recientemente
instalado, podemos apreciar la lápida sepulcral de Cisneros.
A través del claustro se accede a la Sala Capitular,
que en tiempos estuvo decorada con frescos de A. Nardi, y
a la Biblioteca. El conjunto es, en la actualidad, el Museo
catedralicio.
Pero si algo destaca desde el exterior es por su airosa y
ligeramente inclinada torre. Construida en tres fases,
el cuerpo inferior es obra de Rodrigo Gil de Hontañón, continuada
por el Maestro Argüello y rematada, a principios del Siglo
XVII, por Nicolás Vergara el Mozo mediante el campanario y
el estilizado chapitel de pizarra. Por el interior de la torre
discurre una interesante escalera helicoidal. 
El interior del templo es de cruz latina con tres naves
y girola y está cubierta de bóvedas de terceletes con florones
en las claves. En la girola se alternan los tramos rectangulares
y triangulares. Las bóvedas descansan sobre pilastras góticas
decoradas con cardinas.
En medio de la nave central estaría el coro
(del que sólo se ha salvado la reja) que fue destruido en
un incendio sufrido durante la Guerra Civil en el que se perdieron,
además, numerosas obras de arte, entre ellas, el retablo mayor.
La Capilla Mayor está cerrada en tres de sus lados
por espléndidas rejas gótico-mudéjar realizadas por el maestro
Juan Francés.
Del presbiterio llama la atención la falta del retablo
mayor. Rodea éste la sillería gótica, sencilla y franciscana,
compuesta por cinco de las sillas que se salvaron del primitivo
del coro y otras idénticas realizadas posteriormente. Destacar
el dosel de cordón franciscano y la mesa del altar que, tras
la canonización de San Diego de Alcalá, fue regalada
por el Papa Sixto V a Felipe II. Preside el
conjunto una preciosa talla gótica de la Virgen (siglo XV),
conocida como la Virgen de Cisneros. Destacar también un grupo
de los Santos Niños y un crucificado, talla moderna que en
su momento fue Premio Nacional de Escultura y que en principio
estaba destinado a presidir la Basílica del Valle de los
Caídos.
Bajo la Capilla Mayor se encuentra la Cripta de los Santos
Niños, en el mismo lugar donde estaba la primitiva ermita
de Astúrico. Se accede a ella, desde la girola, a través de
dos portadas
barrocas, con sendos bajorelieves en los que se representa
el Martirio de los Santos Niños. Cubierta con bóveda elíptica,
en ella se encuentra la piedra martirial y una urna de plata,
realizada por los hermanos Zureno en 1702, donde
se conservan parte de los restos de los patronos de Alcalá.
En las hornacinas laterales, dos tallas de los Santos Justo
y Pastor y una variada colección de relicarios, entre los
que sobresalen los dedicados a San Félix de Alcalá.
En la Nave del Evangelio tan sólo ha quedado una capilla
lateral, enmarcada por el arco de la antigua de los Contreras,
procedente del derribo del convento de Santa María de Jesús
o de San Diego.
En la Nave de la Epístola se abren varias capillas
adosadas;
La Capilla del Ecce Homo que, al estar situada bajo
la torre, presenta un aspecto de mayor robustez que no consigue
aligerar una sencilla portada rematada en frontón triangular.
La Capilla de la Virgen del Val, dedicada a la Patrona
de Alcalá, Alcaldesa Perpetua de su Ayuntamiento y Doctora
Honorífica de la Universidad, tal y como muestran las dos
medallas que lleva prendidas
en el manto. La actual figura de la Virgen es una réplica
de la original de alabastro del S.XIII, destruida durante
el incendio. Es especialmente interesante el arco de yeserías,
de estilo plateresco, y la reja en el mismo estilo.
La Parroquia de San Pedro, que constituye una iglesia
dentro de otra. Levantada en 1622, destaca su portada de granito
en estilo herreriano y en su interior la sencilla arquitectura
barroca cubierta por cúpula de media naranja. En un lateral
se abre una interesante portada, obra de Rodrigo Gil
de Hontañón, que corresponde con la entrada a la escalera
de la torre.
La Capilla de San Diego de Alcalá, mandada construir
por Enrique IV en agradecimiento a una milagrosa curación.
El monarca también regaló una urna para albergar su cuerpo.
La actual urna es obra del platero toledano Rafael González
y está fechada en 1658. Justo encima de ella tenemos un notable
lienzo, atribuido a la escuela de Murillo, en el que se representa
el Milagro de la Rosas.
La Capilla de Santa María la Rica, Cerrada con una
notable reja de 1752, hoy en día se destina a la veneración
de Nuestra Señora de la Cabeza.
La Capilla del Cristo de la Agonía, capilla mudéjar
que sirve de acceso al Claustro. Está cubierta por una interesante
techumbre de yeserías que imita las líneas de un artesonado
de madera.
A su lado se abre la pequeña Capilla del Sagrario.
Única
en el mundo con el título de Magistral junto
con la Iglesia de San Pedro de Lovaina (en Bélgica).
Este privilegio fue solicitado por el Cardenal Cisneros, en
1516, por recomendación de Adriano de Utrecht, futuro Papa
Adriano VI, quien ya lo había conseguido anteriormente para
su iglesia flamenca, en 1991, alcanza la categoría
de Catedral al reinstaurarse el Episcopado Complutense.
En la actualidad se sigue restaurando aunque puede visitarse
sin ningún problema.

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