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Convento de Santa Catalina de Siena
El Convento de Dominicas de Santa Catalina de Siena,
las catalinas, fue fundado por disposición testamentaria de
doña Juana de endoza y Zúñiga, que fue enterrada en
su iglesia el año 1590.
Su construcción fue un proceso muy lento y lleno de problemas
,sobretodo de tipo económico, que se tuvieron que ir "venciendo".
En 1562, doña Juana compra unas casas en la calle de Santiago,
cercanas al Palacio Arzobispal, para fundar un monasterio
bajo la advocación de la Madre de Dios. El solar no era demasiado
grande, pero aun así las obras se comienzan alrededor del
año 1566.
Tras unos años de penurias, los religiosos deciden construir
un nuevo conjunto conventual, más acorde con las necesidades
de la congregación, que se edificará entre los años 1608 y
1624. 
Tampoco era éste demasiado grande y se decide, bien entrado
el S. XVII, comprar las casas adyacentes y empezar a construir
un tercer monasterio que será el definitivo. Las obras, por
las dificultades económicas, iban muy despacio, pero todo
ello se soluciona, en 1676, cuando los frailes consiguien
el patronazgo de don Gregorio de Silva y Mendoza. Gracias
a este noble, la capilla mayor de la nueva iglesia se termina
en 1688. El resto del templo no se acabaría hasta principios
del S. XVIII.
Tiene una portada plateresca formada por un hueco adintelado
flanqueado por columnas de fuste estriado. Sobre él, encontramos
un friso con grutescos, sobre sendas ménsulas, y un tímpano
semicircular, entre florones, con la cruz de Santo Domingo
en el centro. Ésta fue trasladada, en el s XIX, al lado de
la iglesia que da a la calle Santiago. 
En el interior, la iglesia es de planta de cruz latina,
con cúpula sobre tambor y tres capillas a cada lado de la
nave principal. En su decoración se puede percibir el inicio
del barroco. A los pies, a la derecha, llama la atención una
capilla bellamente decorada con pinturas murales en las que
aparece una imagen de la Virgen del Carmen y otras de santas
y ángeles entre nubes.
En 1698, queda incorporado a la Universidad como colegio,
matriculándose los frailes y jurando cumplir con las normas
que imponía el Mayor de San Ildefonso.
El convento no se terminó hasta el año 1737.
Conserva
un amplio patio de dos alturas. La primera está resuelta
con arcos de medio punto sobre pilares de piedra y la segunda
con arcos rebajados de ladrillo, también sobre pilares. La
fachada da a la calle de San Bernardo y conserva dos portadas.
La principal, situada junto a la iglesia, está formada por
un arco de piedra coronado por un frontón semicircular en
el que aparece el escudo de los dominicos. La secundaria,
al otro extremo, es un simple arco de ladrillo.
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