Convento de las Carmelitas de "Afuera"
Fundado
en 1591 por los Condes de Castelar, debe su
nombre, este Convento carmelita, a su situación "fuera"
de la Puerta de Aguadores.
El edificio se atribuye a Fray Alberto de la Madre de
Dios. Su iglesia corresponde al "tipo carmelitano",
que fue creado y desarrollado por Francisco de Mora siguiendo
las directrices de Santa Teresa de Jesús, y cuyo primer
ejemplo es la iglesia del convento abulense de San José.
Tiene una fachada, a los pies, de dos cuerpos rematados
por un frontón triangular en cuyo centro encontramos el
escudo carmelita rodeado de una orla circular.
La portada, bastante severa, es de arco de medio
punto entre pilastras, que sostienen un friso con triglifo.
Encima de éste, se sitúa una hornacina, en cuyo interior
hay una imagen de la Virgen con el Niño en brazos.
Esta escultura, de claro valor expresivo, destaca por la
definición de sus perfiles y por el equilibrio en su composición.
El segundo cuerpo está centrado por un hueco adintelado
y flanqueado, a cada lado, por dos hermosos blasones de
los fundadores.
Completa la plaza donde se haya ubicado el convento, la
estatua de San Ignacio de Loyola, levantada en 1951
por dos ejercitantes madrileños. La razón de esta estatua
es que justamente enfrente se construyó el primer Colegio
Máximo fundado por este personaje. 
El interior del templo es de una sola nave con cúpula
encamonada y los brazos del crucero poco desarrollados.
A ambos lados del presbiterio, están los sepulcros de los
marqueses fundadores.
El retablo, de la escuela madrileña de la
primera mitad del S. XVIII, conserva su decoración
original y la imagen central. Las laterales son obra moderna.
El convento, además de un sencillo claustro,
atesora una colección de obras de arte: un busto
de la Dolorosa y otro de Santa Teresa de la Escuela
de Pedro de Mena, una "Inmaculada Concepción"
que se atribuye a Gregorio Fernández y un lienzo
de Alonso del Arco en el que se refleja el "Éxtasis
de Santa Teresa".
Además, también se guardan varias reliquias de
Santa Teresa de Ávila, como su báculo, forrado
en plata, el crucifijo particular de la santa y catorce
cartas autógrafas.
