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Colegio
Máximo de la Compañía de Jesús
El
Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, denominado
así por considerarse el primero en España de dicha congragación,
fue fundado por don Francisco de Villanueva, ex colegial
de Alcalá de Henares, siguiendo órdenes de san Ignacio
de Loyola, en 1546.
El
ex colegial complutense contó para su construcción con la
ayuda económica de doña Leonor de Mascareñas, aya de
Felipe II, y de doña María y doña Juana de Austria.

Destinado
a albergar a 60 colegiales, cifra más alta de lo normal para
aquella época, posteriormente, en 1602, fue trasladado
a su emplazamiento actual.
Destaca
del edificio, de tres pisos, el gran tamaño de su fábrica
que no pasa desapercibida a pesar, incluso, de estar pegada
a la no menos espectacular Iglesia de santa María
La Mayor.
La
grandiosa fachada, tanto por su altura como por su longitud,
está realzada por las muy numerosas rejas que cierran
sus ventanales.
La fachada que actualmente podemos ver fue construida por
Melchor de Bueras entre 1660 y 1690. Éste
remodeló y amplió la no tan ambiciosa obra anterior.
Destaca
su esbelta portada barroca rematada por un balcón.
En el lado contrario al de la puerta principal, se dobla el
edificio en chaflán siguiendo el antiguo trazado de la muralla.
Es en esta esquina donde antiguamente estaba la "Puerta
de Guadalajara", también llamada "de los Mártires"
por haber entrado por ella a la ciudad las reliquias de
los Santos Niños cuando retornaron desde Huesca
en 1568.
Tras
la expulsión de los jesuitas, ordenada por Carlos
III en 1767, el edificio sería ocupado por la Universidad.
Para este nuevo uso fue preciso realizar una importante
remodelación que se encargó al arquitecto Ventura Rodríguez.
Éste dividió el colegio en dos partes, vendiéndose una de
ellas. Además, construyó un nuevo patio y ordenó la
realización de una magnífica escalera imperial. Las
obras finalizaron en 1782.
Poco
duró aquí la Universidad, ya que en el año
1797 es trasladada a su antiguo edificio, destinándose
a cuartel el colegio de la Compañía.
En 1827, gracias a Fernando VII, vuelven
los jesuitas, permaneciendo en su antigua casa hasta su
nueva expulsión en 1835.
A
partir de ese momento fue utilizado como cuartel de paracaidistas
(conocido como cuartel de Mendigorría) y desde el año
1992, tras una profunda restauración y adecuación de
su interior que ha durado dos años, forma parte de la Facultad
de Derecho de Alcalá de Henares.

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