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Colegio de Málaga
El
Colegio Menor de San Ciriaco y Santa Paula, más conocido
como "de Málaga", fue fundado en el año 1610 por el
obispo don Juan Alonso de Moscoso, ex colegial de la
Madre de Dios y catedrático de San Ildefonso.
Debe
su nombre popular a que se construyó para acoger a los estudiantes
malagueños de Teología y Cánones. Otros afirman que ese nombre
le viene por su fundador, que habría sido obispo de Málaga.
Su
creador fue, casi con toda seguridad, el arquitecto Juan
Gómez de Mora, al que habría ayudado, como maestro de
obras, Sebastián de la Plaza, al que otros han atribuido
el diseño completo.
Durante
su construcción se produjeron numerosas paradas debidas, entre
otras cosas, a enfrentamientos con los vecinos colegios de
San Agustín y Trinitarios y a problemas de pago. Se sabe documentalmente
que en 1684 estaba aún sin acabar el segundo patio (se concluye
en la reforma del edificio que se hizo en 1955).
La
fachada está compuesta por un zócalo (que va decreciendo
en altura según se avanza hacia el colegio de San Agustín
con el fin de crear un efecto óptico de profundidad), y dos
plantas, divididas por una línea de impostas en piedra en
las que se lee una inscripción en latín que hace referencia
al fundador. Las dos portadas de las que consta, dentro
de la sobriedad que caracteriza a todo el edificio, son de
gran elegancia. Ambas tienen un arco de medio punto sobre
los que hay un balcón que aparece enmarcando dos blasones
de Moscoso. La puerta principal del edificio era la de la
derecha, que da paso al zaguán de entrada, mientras que la
de la izquierda se utilizaba para la entrada de carros y mercancías.
El
cuerpo central se sitúa entre dos torreones, de clara
influencia escurialense, con sillares de piedra en los ángulos
de sus dos primeros pisos y con bella decoración de ladrillo
en los superiores. En su tercer piso, aparecen balcones con
frontón triangular decorado con el escudo del obispo Moscoso
y en las esquinas el escudo de la Universidad. El cuarto,
también con balcón, aparece rodeado de pares de ventanas redondas
u óculos.
Los
torreones están coronados por chapiteles de pizarra
rematados con aguja, bola, cruz y veleta, que recuerdan a
los edificios madrileños del tiempo de los austrias.
En el interior hay dos patios.
En el de la derecha, más grande, hay en su planta baja sencillos
arcos de medio punto que descansan sobre pilares de piedra,
entre los que encontramos el escudo del fundador .Y en la
planta alta vemos unos sencillos arcos de ladrillo. En el
centro del patio vemos una monumental fuente barroca
de piedra, obra de Miguel de Arteaga, construida en
1765.
El segundo patio es, aunque con ligeras variaciones en las
pilastras del cuerpo bajo, muy parecido al primero. 
Entre los dos patios encontramos una magnífica escalera
estilo imperio, que está coronada por una espléndida cúpula
elíptica con linterna.
La
capilla, como era normal en los colegios de carácter
secular, careció de importancia, encontrándose hoy transformada
en Biblioteca de la facultad de Filosofía y Letras.
Fue, posiblemente, después del Colegio de San Ildefonso, el
mejor Colegio de Alcalá.
Con la reforma universitaria, se refundieron en éste los colegios
de León, Lugo y Aragón.
El S. XIX fue catastrófico para él; en 1809, durante la ocupación
francesa y su uso como cuartel, sufrió un incendio, en 1836
fue saqueado y, tras ser Escuela de Artilleros y Herradores
del Ejército, fue clausurado en 1843.
En 1858, se hizo cargo del edificio el Ayuntamiento de Madrid
para usarlo como Asilo de San Bernardino, más tarde
llamado de Nuestra Señora de la Paloma.
Tras la Guerra Civil, fue restaurado, por el arquitecto Lucio
Oñoro, recuperando el colegio gran parte de su antiguo
esplendor.
Desde
1986, alberga la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de Alcalá, institución que restaura y amplía
el edificio a lo largo de 1996 y 1997.

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