
Capilla del Oidor
El
solar que ahora ocupa, al fondo de la Plaza Cervantes,
la Capilla del Oidor, la Torre de Santa María
y tres arranques de ábsides que sobrevivieron a la
Guerra Civil, ya en 1297 fue el emplazamiento de la
Ermita de San Juan de Letrán o de los Caballeros. En
ella, una de las más antiguas de Alcalá, se solía enterrar
a los nobles de la ciudad.
A
principios del siglo XV se construye, por orden de Pedro
Díaz de Toledo, relator u oidor del reino, una
capilla en la que se albergará el cuerpo de su fundador y
el de sus familiares y que será conocida como "del oidor".
Posteriormente,
en el año 1453, por orden del arzobispo Carrillo
se fundará el Convento de Santa María de Jesús
o de San Diego. Para ello, elige como emplazamiento el
lugar que ocupaba la Parroquia de Santa María la Mayor,
lo que obliga a trasladar ésta al solar ocupado por la Ermita
de San Juan y la Capilla del Oidor. Ambas construcciones quedarán
así englobadas en una sola obra compuesta por tres
naves con ábsides semicirculares y, adosada, una torre mudéjar.
Entre los años 1552 y 1553 el conjunto
será sometido a reforma y, poco después, será bautizado
en ella, Miguel de Cervantes. La reproducción de la
pila bautismal se puede hoy visitar. En dicha reforma, diseñada
por Gil de Hontañón, se contemplaba la construcción
de un gran templo, nueva sede de la Parroquia de Santa
María la Mayor, que cerrara la plaza Cervantes. Sin embargo,
el proyecto quedó inconcluso y sólo se construyeron
dos tramos de la nave. 
Posteriormente
se añadió la capilla del Cristo de la Luz, en el siglo
XVII, la torre y se cerró la parte posterior del conjunto
mediante la sacristía.
Durante
la Guerra Civil, el templo fue incendiado y,
a los daños sufridos por el edificio, hubo que sumar la
pérdida de notables obras de arte, entre ellas los magníficos
retablos fingidos, pinturas al fresco de Cano Arévalo,
que decoraban los tres ábsides.
Tras
la guerra civil, la Parroquia de Santa María la Mayor se
trasladó a su ubicación actual, al lado del Colegio Máximo
de los Jesuitas, y las ruinas fueron utilizadas
como cantera de sillares para restaurar otros edificios,
siendo este el motivo por el que la torre, construida en ladrillo
y poco aprovechable, quedó aislada del resto del conjunto.
En 1982 se restauraron las diferentes capillas
y se acondicionaron como centro cultural y sala
de exposiciones.
El resultado de todos estos avatares ha sido un conjunto peculiar
y difícil de definir.
Desde
la plazoleta de planta ovalada, a través de una portada
moderna, se entra a la barroca capilla del Cristo de
la Luz, de una sola nave con bóveda de lunetos y cúpula
encamonada sobre crucero sin desarrollar. 
En
un lateral encontramos la Capilla del Oidor propiamente
dicha. Se accede a ella a través de un arco de medio punto
muy peraltado con el intradós decorado con claraboyas góticas
y rodeado todo él por un fino angrelado de inspiración nazarí.
En el interior, bastante restaurado, continúa la decoración
en yeso con motivos heráldicos del fundador y tres arcos donde
estuvieron los sepulcros de su familia. El techo de madera
nos recuerda al artesonado mudéjar de par y nudillo que originariamente
cubría la capilla.
En
el centro de la sala, se puede contemplar la reproducción
de la pila de bautismo del Príncipe de los Ingenios.
Más adelante, llegamos a la antigua sacristía. Muy
deteriorada tras el incendio, las mallas metálicas suspendidas
del techo nos indican la forma que tenían antiguamente las
bóvedas.
En un ángulo, la escalera de caracol y en el lado opuesto
una librería especializada en ediciones municipales.
Hoy en día el edificio alberga una de las principales salas
de exposiciones de la ciudad. Su gestión la realiza la
Fundación Colegio del Rey.
