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La
etapa visigótica alcalaína es bastante oscura. Las actas de
los Concilios toledanos van a ser la fuente principal de conocimientos
que sobre esta época ha llegado a nuestros días.
Aunque no existen datos documentales al respecto, es bastante
probable que las primeras invasiones "bárbaras" destruyeran,
al menos en parte, la ciudad complutense y que el material
del que estaban hechas su vías y edificios romanos fueran
reutilizados para la realización de nuevas construcciones.
De los estudios arqueológicos parece desprenderse que el antiguo
y primer emplazamiento de Complutum dejó de tener actividad
en torno al siglo V d. J.C. La población, no obstante, se
había ido desplazando paulatinamente hacía el río ya en épocas
anteriores. 
Durante la monarquía visigótica, la ciudad no perdió su denominación
romana y el hecho de hallarse cerca de Toledo (capital de
la España visigoda) influyó notablemente en Complutum, que
no dejó de ser un importante nudo de comunicaciones, aunque
es evidente que se vio eclipsada por la capital del imperio
arriano. Destaca su localización estratégica entre Toledo
y las Galias, donde los visigodos tenían importantes intereses.
Compluto, sin duda, perteneció a la Galia Narbonense.
Pero el acontecimiento más importante que se produjo en este
periodo es el descubrimiento por parte del obispo toledano
Astúrico Anulino de los restos mortales de los santos Justo
y Pastor (los Santos Niños). El hallazgo fue realizado en
el supuesto lugar donde se produjo el martirio, el Campum
Laudabile, casi un siglo después de que éste aconteciera.
La primera medida del mencionado obispo fue el levantamiento
de una capilla en dicho lugar para proteger y venerar las
preciadas reliquias. Este emplazamiento correspondería con
el de la actual cripta de la iglesia Magistral.
Alrededor de esta primitiva capilla iría renaciendo una nueva
población que recibiría el nombre de Neo-Compluto y que será
la heredera de la ilustre Complutum romana.
Astúrico Anulino decidió, además, abdicar de la sede toledana
para permanecer el resto de su vida en Alcalá, creando la
sede episcopal complutense y convirtiéndose en su primer obispo.
En esta nueva sede se sucederán hasta veintiséis obispos durante
un periodo que abarcará incluso parte de la época de
dominación musulmana. Se suele dar como fecha de extinción
de la sede el año 1040, relativamente cercana a la conquista
de Toledo por Alfonso VI (1085).
La presencia visigoda se constata en Alcalá de Henares en
varios enclaves, siendo el más importante la necrópolis del
Camino de los Afligidos, la cual ha permitido hacer un estudio
detallado del ritual mortuorio de esta civilización.


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