Durante
este siglo alcanza Alcalá la cota máxima de su trayectoria
cultural y de su influencia en la vida del país. La decadencia
se iniciará en el último tercio de este siglo, coincidiendo
con el colapso político que se produce con el reinado de Carlos
II. 
Durante este periodo serán numerosos los nuevos Colegios
Menores que se construyen, entre los que se encuentran
algunos de los más importantes que tuvo Alcalá; el Colegio
Menor de San Nicolás de Tolentino (1604), el Colegio
Menor de las Santas Justa y Rufina (1607), el Colegio Menor de Mercedarios Descalzos (1613),
el Colegio Menor de San Patricio o los Irlandeses (1645),
el Colegio Menor de San Basilio Magno (1660), etc.
Además aparecen numerosos conventos e iglesias pertenecientes al llamado "barroco madrileño"; la Iglesia
de la Compañía, hoy parroquia de Santa María la Mayor (1602-1625); el Convento de las Agustinas Descalzas de
Nuestra Señora de la Consolación o de la Magdalena, el Oratorio de San Felipe Neri o la Ermita del Santo
Cristo de los Doctrinos.
Se inicia este periodo con el cardenal don Bernardo de
Sandoval y Rojas, inquisidor general del Reino y ex colegial
de la complutense (1600-1619). A él se debe que, en 1606,
se consigan recuperar los restos de San Félix, que
durante siglos se habían conservado en el Monasterio de
San Zoilo de Carrión de los Condes y que desde entonces
se veneran en la Magistral. Además, fundó, en 1613, el Convento
de San Bernardo conocido como "las bernardas". Se encargaron
los planos al arquitecto Gómez de Mora y las obras las supervisó
el alcalaíno Sebastián de la Plaza.
Sucede a Sandoval el cardenal-infante don Fernando,
hijo de Felipe III, que durante su mandato, de 1620 a 1643,
se ocupará más de las actividades militares y de gobiernos
de los Países Bajos, que se su archidiócesis. El mismo año
de su nombramiento, el día 25 de abril, se declara públicamente
el Milagro de las Sagradas Formas Incorruptas y se
exponen éstas, tras un largo proceso de comprobación, para
su veneración por parte del pueblo.
Ese mismo año se produce la muerte del ex favorito Duque
de Uceda, que se encontraba en Alcalá desterrado y preso
desde hacía tiempo.
En 1629 muere don Francisco de Figueroa, "el divino",
famoso poeta alcalaíno que mandó quemar sus obras de las que
sólo se salvaron sus "Elegías".
Con los mandatos de los Cardenales don Gaspar de Borja
y Velasco (1643-1645) y don Baltasar de Moscoso Sandoval
y Rojas (1646-1655) termina la etapa más gloriosa de Alcalá
y comienza la decadencia.
En 1665 se produce la Reforma Universitaria de Medrano que entre otras consecuencias conlleva la reducción del número
de colegios y colegiales y refunde, por primera vez, muchos
de ellos.
Durante el gobierno del cardenal Portocarrero (1678-1709),
que cierra este siglo, se le concede a Alcalá de Henares (por
Real Cédula de Carlos II, dada en Aranjuez el 5 de mayo de
1687) el título de "Ciudad", que ya poseyera cuando
se llamaba Complutum. Además se le da el tratamiento de "Muy
Noble, Muy Leal e Ilustre".
En 1697, el monarca, acompañado de su esposa María Ana
de Neoburgo, acude a Alcalá a orar ante las reliquias
de San Diego y agradecerle la sanación de una grave enfermedad.
Aprovechando esta circunstancia, concede a la ciudad un Mercado
Franco y ayuda a que se inicie un proceso para la canonización
de Cisneros.