La Etapa Prehistórica. Los primeros pobladores
La población prehistórica en las riberas del Henares está
comprobada desde antiguo. Así, en los cerros que se encuentran
en la margen izquierda del río, se han hallado y recogido
amplias muestras de cerámica neolítica, puntas de flecha y
hachas de mano, entre otros objetos de interés.
No se conoce, hasta el momento, de la existencia de asentamientos
similares de esta época en la margen derecha del Henares.
Si los hubiera habido parece lógico pensar que éstos fueron
enterrados por las crecidas del río o destruido por posteriores
pobladores históricos que sí nos consta se asentaron
en este lado del río. 
A pesar de la cercanía de importantes yacimientos como los
de las terrazas del río Manzanares y del río Jarama, considerados
de los más importantes de Europa, no se han encontrado en
Alcalá pruebas o restos de poblamiento Paleolítico.
Este hecho
se ha atribuido, por un lado, a la escasez de sílex de la
zona, materia prima imprescindible para la confección de utensilios
y armas en dicha época, y, por otro lado, a la falta de prospecciones
arqueológicas sistemáticas. La privilegiada situación geográfica
haría lógica la existencia de restos de dicha época.
Los primeros restos de los que se tiene constancia datan de
varios milenios después, tras la última glaciación; la de
Würm. Los objetos encontrados señalan la presencia de grupos
humanos pertenecientes a un Neolítico ya avanzado y con una
economía fundamentalmente agrícola y ganadera que aprovechaba
la fertilidad de la tierra y la abundancia de agua.
Los restos que nos señalan su presencia consisten en fragmentos
de cerámica "tosca" elaborada a mano, puntas de sílex bien
talladas, lascas, etc. Los yacimientos más antiguos de este
período se encuentran en La Albega, al sur del actual casco
urbano, junto a la orilla izquierda del río, y en el cerro
de Malvecino.
Otros más recientes, en los que se observa ya la querencia
defensiva hacia los lugares altos, se han hallado en los cerros
de esta misma margen; la cueva de los Gigantones (con una
boca de cinco metros de altura y una profundidad de casi cien
metros), en la ladera occidental del cerro del Ecce Homo.
Estos restos se han relacionado con la cultura almeriense
de "Los Millares", ya en el Neolítico final.
De época posterior, tenemos pruebas inequívocas de asentamientos
estables pertenecientes a la cultura del Bronce en los cerros
del Viso y el Ecce Homo y en la Esgaravita, entre el camino
de los Afligidos y la orilla derecha del río. De esta época
encontramos restos de cerámica incisa y de boquique, derivada
de la de tipo campaniforme y correspondiente al Bronce II,
mezclados con otros restos de tipo ibérico apenas decorados.
Durante la Edad de Hierro (alrededor del s. IX a.c.), la zona
adquiere ya cierta importancia y una densidad de población
importante y que, sin duda, sería la base del posterior asentamiento
hispano-romano. Al Hierro antiguo corresponden los yacimientos
excavados en el Ecce Homo y junto al kilómetro 2 de la antigua
carretera de Daganzo, aunque escasean en ellos objetos propiamente
metálicos, hecho éste que ha creado dudas sobre la verdadera
naturaleza y antigüedad de estos asentamientos. La cerámica
se sigue realizando a mano y es frecuente el empleo de la
pintura y el grafito en las decoraciones.
Posteriormente, ya en pleno Período Ibérico (s. V a.c.), se
establecería una población de Carpetanos en la llana y extensa
cumbre del cerro de San Juan de Viso que poseía un castro
fortificado en el llamado "Salto del Cura", cortada de la
Peña de Zulema, que protegía el acceso a todos los cerros
de la margen izquierda del Henares. En esta época ya se ha
generalizado la utilización del hierro como materia prima
en la fabricación de utensilios y se utiliza el torno en la
confección de piezas de cerámica. 
Algunos consideran ésta la localización de Iplacea, la legendaria
ciudad fundada por el rey Tehuero y sus vasallos huidos de
la destrucción de Troya.
A esta ciudad, mencionada por Plinio
y Ptolomeo, entre otros, algunos la consideran el origen de
Alcalá de Henares y datan este hecho allá por el 1.100 a.J.C..
Sin embargo, son muchos los que niegan incluso su existencia
y defiende que se trata simplemente de una fábula. Para éstos,
nada justificaría la existencia de un asentamiento griego
tan al interior que desdice la tradición costera y colonial
de los asentamientos de este pueblo.
Otros han defendido también la presencia cartaginesa en la
zona, pero la misma situación geográfica de Alcalá hace improbable
un asentamiento estable de esta naturaleza, aunque no se descarta
que se hubiera utilizado como centro de reclutamiento.
