
Su conquista definitiva no se producirá hasta el 1118,
por obra del mismo don Bernardo; la rendición se consiguió tras
prolongado y encarnizado asedio, el 3 de mayo. Este hecho se
ha relacionado con el llamado milagro de la "Vera Cruz",
que socorrería a los cristianos y les ayudaría a vencer en la
batalla.
A raíz de la toma del castillo, se establecería en él y sus
arrabales una población cristiana que se mezcló con los mudéjares
que se quedaron. La población se iría extendiendo e incluso
ocupó el otro lado del río. Éste núcleo sería conocido como
Alcalá la Vieja.
A la vez y lentamente, se inicia la repoblación alrededor de
la recién creada parroquia de los Santos Justos y Pastor,
situada en el lugar donde Astúrico alzara la primitiva ermita
de los Santos Niños, que con el tiempo pasará a denominarse
Alcalá La Nueva o Alcalá de Henares.
Pocos restos han sobrevivido de esta época. Cabe destacar los
de la antigua fortaleza, situados entre una ladera del Cerro
Ecce Homo y la orilla izquierda del Henares, a la altura de
la Ermita del la Virgen del Val y los numerosos fragmentos de
cerámica árabe encontrados en la zona que debieron ocupar los
arrabales que se hallaban fuera del recinto amurallado.



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