En
el año 1129 Alfonso VII, el Emperador, hace donación
a los arzobispos toledanos, en la persona de don Raimundo (sucesor de don Bernardo de Agen), "del castro que ahora se
dice Alcalá, pero antiguamente Compluto...". De esta forma,
queda Alcalá vinculada, como señorío prelaticio de la sede
primada de España, a la historia de los arzobispos toledanos que tan enorme importancia tuvieron durante más de 500 años
en la historia de España.
Una de las primeras actuaciones del arzobispo Raimundo, en
uso de sus nuevas atribuciones, fue conceder a la villa, en
el 1135, de un magnánimo fuero conocido como Fuero
Viejo o Fuero de Alcalá, que consta de 305 artículos
y demás disposiciones. Este mismo personaje ordenará también
la nueva edificación, es de suponer que románico-mudéjar,
de la parroquia de los Santos Justo y Pastor.
Al finalizar el siglo, en 1195, la población es arrasada por
los almorávides al mando de Yacub-Al-Mansur, consecuencia
de la derrota de Alarcos que motivó el retroceso de la línea
fronteriza. 
Entre 1208 y 1247 ocupará la sede de Toledo don Rodrigo
Ximénez de Rada, el cual, en 1209, iniciará las obras
del Palacio Arzobispal alcalaíno, que adoptaría la
forma de una fortaleza mudéjar. Se dice que en esta edificación
se planeó la batalla de las Navas de Tolosa.
Posteriormente, en 1223, Alcalá es convertida, también
por don Rodrigo, en Corte de los arzobispos toledanos y se
dispone que uno de los dos vicarios de Toledo residiese en
ella, como compensación por la pérdida de su sede episcopal.
En tiempos de Alfonso X se concede a la villa una feria que tendría lugar el 24 de agosto de cada año, festividad
de San Bartolomé, privilegio que sería confirmado por
los monarcas sucesivos. Ésta tendría lugar en la hoy llamada
Plaza Cervantes y que durante siglos, por este motivo, se
llamó Plaza del Mercado.
En 1293, el arzobispo don Gonzalo García Gudiel obtiene
un privilegio de Sancho IV, dado en Valladolid el 20
de mayo, para erigir en la villa un Estudio General,
precedente de la Universidad Cisneriana.
En 1309, el 1 de abril concretamente, se reúnen en Alcalá
las Cortes Generales.
A García Gudiel le sucedería su sobrino don Gonzalo Díaz
Palomeque, que vivió el agitado reinado de Fernando
IV. Éste, a su vez, será sucedido por el Infante-Arzobispo
don Juan de Aragón que, ya en tiempos de Alfonso XI,
inaugurará el 12 de diciembre de 1325, las sesiones del Primer
Concilio Provincial, que tendrán lugar en el Palacio Arzobispal
en el llamado, por este motivo, "Salón de Concilios".
En este mismo lugar se celebrará otro concilio en 1333, siendo arzobispo don Jimeno de Luna, tío del antipapa Luna.
Entre 1339 y 1350 rige en la sede toledana don Gil de Albornoz,
fundador del ilustre Colegio Español de Bolonia y que
es también conocido por haber ordenado encarcelar al Arcipreste
de Hita. De éste personaje se ha defendido su procedencia
alcalaína en base a diferentes referencias que aparecen en su
"Libro del buen amor", que, escrito en primera persona,
parecen confirmar esta afirmación.
En 1348, Alfonso XI convoca Cortes Generales con el fin
de recaudar fondos y reclutar tropas para la reconquista de
Gibraltar. En estas Cortes nace el Ordenamiento de Alcalá,
que es considerado un elemento esencial en la evolución del
derecho español; en él se recogerán algunos de los principios
fundamentales del nuevo derecho civil y del novísimo procedimiento.
Supone la culminación de la obra unificadora y centralizadora
de la Administración de Justicia. Pedro I, en 1351, dispuso
que fuera reordenado y corregido.
De 1376 a 1399 ocupa la sede el arzobispo don Pedro Tenorio (guerrero, político, constructor y astuto cortesano), que realizará
durante su mandato numerosas obras en Alcalá, donde vivió largas
temporadas. Empezó con la restauración del castillo árabe
de Alcalá la Vieja (la mayoría de los restos que han sobrevivido
de esta construcción datan de esta época).
Pero su más importante empresa se realizó en el Palacio Arzobispal
que reconstruyó y fortificó, dotándolo de una amplia plaza de
armas y añadiéndole en una de sus esquinas el llamado "Torreón
de Tenorio".
También reconstruyó la "cerca de la villa", de la que
apenas quedan vestigios hoy día, pero de la que han llegado
a nuestros días la mayoría de sus puertas; la Puerta de Santa
Ana (antes del Postigo), la Puerta del Vado, la Puerta de San
Julián, la Puerta de Guadalajara o de los Mártires, la Puerta
de Madrid, etc. 
Por último, destacar de esta faceta que también a él se debe
la edificación de la Ermita del Val, la reconstrucción
del puente romano denominado del Zulema y la sustitución
de los postes de madera de la calle Mayor por columnas
de piedra.
Otro acontecimiento importante que hubo en tiempos de don Pedro
Tenorio tiene lugar en 1379. En dicho año se convoca un Concilio
Nacional con el fin de definir la postura de la Iglesia
española ante el llamado "Cisma de Occidente". En dicho
Concilio se toma la decisión de no reconocer ni a Urbano VI
ni a Clemente VII, los Papas en litigio.
En 1390, en las cercanías de la Puerta de Burgos, la
cabalgadura del rey Juan I hace caer al monarca y a causa
de ello fallece. El arzobispo ocultará el hecho para ganar tiempo
y propiciar, en alianza con la reina, la sucesión pacífica de Enrique III que apenas tenía 11 años.
En 1399, bajo la presidencia del rey, tiene lugar una importante
reunión de prelados y teólogos de las dos Castillas, donde se
acuerda reconocer al Papa de Avignon, Benedicto XIII.