Francisco
de Figueroa, conocido como "El Divino", nace en Alcalá de Henares en el año 1536.
Se
sabe que viajó en su juventud por Italia y se cree que, incluso, realizo estudios en dicho país.
Sea como fuere, logró asimilar en forma perfecta no
sólo la lengua sino también el espíritu
de la poesía italiana.
Soldado y cortesano, desempeñó algunas misiones de carácter diplomático. Así,
en 1579, viaja por Flandes con don Carlos
de Aragón, primer duque de Terranova.
Posteriormente,
regresaría a Castilla para retirarse en Alcalá,
junto a su esposa María de Vargas.
Poco
antes de su muerte, que se suele fechar en 1617, ordenó quemar toda su obra poética. Sólo
quedó a salvo la parte parcialmente recogida por Luis
Tribaldos de Toledo, quien las editó en 1625,
y la que descubrió y sacó a la luz Menéndez
Pidal en 1915.
La trayectoria poética de Francisco de Figueroa
es personal e independiente, y sus raíces
literarias hay que buscarlas más en Petrarca y Gracilaso que en Fray Luis de León.
Se
sabe que Cervantes fue un gran admirador suyo,
y gracias a él se conocen los seudónimos
poéticos de Figueroa y su amada; Tirsis y Filis.
Autor
de 'Canciones, Elegías y Glosas', única
obra completa que sobrevivió al fuego, donde
alcanza mayor perfección formal y más intenso
contenido lírico es, sin embargo, en sus sonetos.
Escribió
también interesantes epístolas que revelan
la personalidad de un hombre culto y de gran curiosidad con
gran interés en los problemas de lengua.
Destaca una enviada a Ambrosio Morales en la que le
habla de 'cómo hablar y pronunciar el castellano'.