Juan
Martín Diez, más conocido como el Empecinado, nació
el 5 de septiembre de 1775 en Castrillo de Duero (Valladolid), en el seno de una familia de labradores. Precisamente
su mote le vendría de ahí, pues por "empecinados"
se conocía a los naturales de este pueblo, a causa
de unos arroyos llenos de pecina que lo atravesaban.
Poco
sabemos de sus primeros años, salvo que dejó pronto de estudiar
y empezó a trabajar. A los 16 años quiso entrar en el ejército,
pero su padre se lo impidió. Sin embargo, si pudo enrolarse
posteriormente, participando en la campaña del Rosellón.
Los dos años que duró la contienda (1793-95) fueron para él
una espléndida escuela de aprendizaje en las artes de la guerra
y, por lo que se ve, allí nació su odio a los franceses.
A la vuelta de la guerra, en 1796, casó con Catalina de
la Fuente y se instaló en el pueblo de ésta, Fuentecén.
Allí vivió como un labriego más hasta que en 1808 los franceses
ocuparon España. Es posible que la violación de una muchacha
de su pueblo por un soldado francés al que Juan Martín dio
muerte fuera el detonante de su fulgurante carrera.
A partir de este suceso, determinado a combatir contra los
invasores, comenzó sus acciones bélicas con un grupo de muchachos
de su pueblo y de los contornos, incluídos sus tres
hermanos. Fue ampliando su partida y comenzó a atacar la vía
entre Madrid y Burgos que atravesaba su comarca
natal y por la que había abundante circulación.
Intervino en el combate sostenido en el puente de Cabezón
de Pisuerga y ,posteriormente, en la batalla de Medina
de Rioseco, donde los franceses obtuvieron débiles victorias.
Guerrero nato, aunque sin la preparación adecuada, aquellos
enfrentamientos en campo abierto le llevaron a la conclusión
de que no era el enfrentamiento tradicional de ejércitos el
modo más idóneo de luchar. Fue entonces cuando concibió la
idea de combatir en forma de guerrillas, táctica que
ha sido seguida después por todos los ejércitos del mundo.
Comenzó
sus hazañas en Aranda de Duero, Sepúlveda, Pedraza...
en la cuenca del Duero durante los primeros meses de 1809
y en la primavera del mismo año en las sierras abulenses y salmantinas. Posteriormente, su marco de acción se
desarrolló fundamentalmente en las provincias de Cuenca y Guadalajara.
Su
estrategia consistía en la interceptación de correos y mensajes
y en el ataque y apresamiento de convoyes de víveres, armas,
ropas y dinero.
Fue tan grave el daño que a los franceses hacía que el más
alto mando francés destinó al general Joseph Leopold Hugo para que se ocupara exclusivamente a su persecución. Pero
en vista de movilidad y de su asombrosa capacidad de maniobra,
el general Hugo detuvo a la madre del guerrillero y algún
otro familiar para intentar que depusiera las armas y se entregara.
La reacción de Juan Martín fue realizar varias acciones que
produjeron estragos en las tropas franceses haciendo saber
al general que, si no era liberada su madre, ordenaría el
fusilamiento de más de cien soldados franceses que mantenía
prisioneros. La consecuencia de esto fue la inmediata puesta
en libertad de sus familiares.
En 1808 fue apresado y encarcelado en El Burgo
de Osma, de cuya prisión se fugó poco después. Al año
siguiente el mando militar español reconoció su valía
y la Junta Central le nombra capitán de caballería.
A partir de entonces sus actividades se concentraron en las
provincias de Cuenca y Guadalajara, siendo nombrado brigadier de Caballería.
En 1811 mandó el regimiento de Húsares de Guadalajara
y en ese mismo año fue nombrado general.
El 22 de mayo de 1813 participará en la defensa de Alcalá de Henares y, en el llamado puente de Zulema,
vence a un contingente francés que le doblaba en número. Por
esta hazaña y en señal de agradecimiento, la ciudad de Alcalá
alza una pirámide conmemorativa con el apoyo de Fernando
VII. Este mismo monarca ordenaría su posterior demolición
en 1823 por considerarlo un "liberal". Sin embargo,
los alcalaínos volvieron a erigir, en septiembre de 1879,
otro monumento a su liberador que ha llegado a nuestros días. 
Dadas
sus ideas liberales, al regreso de Fernando VII, que anuló
la Constitución y restauró el absolutismo real, fue desterrado
a Valladolid, pero al triunfar el pronunciamiento
de Riego en 1820, el Empecinado volvió a tomar las armas,
esta vez contra las fuerzas realistas, siendo nombrado
durante el trienio liberal, gobernador de Zamora y, accidentalmente, Capitán General.
Derrotado
el régimen liberal en 1823, Juan Martín marchó a Portugal,
de donde regresó tras una solicitud que le fue aceptada. Sin
embargo, al llegar a Roa, camino de su pueblo, fue detenido
por un antiguo enemigo personal, el corregidor Domingo
Fuentenebro, quien por espacio de dos años le hizo exhibir
en una jaula de barrotes de hierro en los días de mercado.
Finalmente fue condenado a morir en la horca.
Camino del lugar de la ejecución rompió las cadenas que le
ataban y acometió a sus guardianes que le cosieron a bayonetazos.
Ya muerto, fue llevado al cadalso y ahorcado, hecho sucedido
en Roa (Burgos) el 19 de agosto de 1825.