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En
1492, al ser designado el cardenal Mendoza para ocupar
la sede de Toledo y por consejo suyo, es llamado por Isabel
la católica para ocupar el puesto de confesor de la reina.
A partir de ese momento comienza una intensa vida pública
y pasa a ser protagonista de muchos de los acontecimientos
de la época.
En
1495, por designación de la reina, es nombrado arzobispo
de Toledo. Será desde esta dignidad desde la que realizará
sus mayores empresas. Llevará a cabo la reforma de la orden
franciscana con el apoyo del papa Alejandro VI y de Isabel
la Católica (1495-1500). Será el responsable de la creación
de la Universidad de Alcalá (1498), de la Biblia
Políglota Complutense (1514-1517) y la reconstrucción
de la antigua colegiata (1497-1514) y de la obtención por
parte de ésta del título de "magistral"(1519).
En 1499 dirige una campaña de evangelización de los moros
granadinos, siguiendo las directrices de la corte, que provocó
el levantamiento entre los moros de Granada y de las Alpujarras.
A partir de 1504, tras la muerte de la reina, Cisneros ocupa
un lugar de primer orden dentro de la escena política.
En
1505, media entre Fernando el Católico y Felipe el Hermoso
y logra que se llegue a la Concordia de Salamanca (septiembre
de 1505), claramente favorable al primero. Desaparecido Felipe,
preside la junta de la regencia y consigue el inmediato
regreso de Fernando a Castilla, servició que éste premió con
el capelo cardenalicio y confiándole la Inquisición.
En 1507 inicia la conquista del norte de África que
él mismo financia y que llegó a dirigir personalmente (conquista
de Orán en 1509).
Por disposición testamentaria de Fernando es nombrado,
por segunda vez, regente en enero de 1516,
a pesar de la fuerte oposición del partido flamenco que apoyaba
la candidatura de Adriano de Utrech. Tuvo que enfrentarse
con grandes problemas de orden interno; brotes revolucionarios
en Baeza, Úbeda, Cuenca y Burgos; pleitos nobiliarios entre
Pedro Girón y Juan Alonso de Guzmán,
entre el duque de Alba y la villa de Huéscar;
ligas nobiliarias capitaneadas por el condestable de Castilla,
el conde de Benavente y los duques de Medinacelli,
Alburquerque e Infantado; y las insidias de
la corte de Carlos V. Pero su energía y sagacidad hicieron
que salvara todas estas controversias e imponer el orden,
organizando la llamada "gente de ordenanza" (milicia
ciudadana) a la que se oponían Valladolid, Burgos
y León.
En política exterior su suerte fue varia. El intento navarrofrancés
de restablecer en el trono a Juan de Albert fue evitado
certeramente. No le fue posible, sin embargo, repeler los
ataques de Barbaroja en el norte de África. A América
envió a tres religiosos jerónimos con instrucciones muy estrictas
que propiciaran la reorganización de las colonias.
Muere
el 8 de noviembre de 1517 cuando se dirigía al encuentro
de Carlos Quinto.

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