Nace
el 11 de noviembre de 1928 en Panamá en donde su padre comenzaba su carrera diplomática
como representante de México.
En los años treinta su padre fue asignado como embajador
de México en Washington D.C. creciendo en
medio del vibrante mundo americano de esa década.
Ahí, al lado de su padre, estudió la Historia y
Geografía de México. En su imaginación fabricaría
un México similar a la tierra de Oz. Al menos
así parecía a la vista de un joven mexicano, hijo
de un diplomático y viviendo en un hotel de lujo
en la 16th street de Washington con una vista majestuosa
del Meridian Hill Park.
En aquella época Fuentes encontró en la lectura
de Mark Tawin, en las imágenes de las películas
y los diarios la capacidad de mezclar ilusiones
con un corazón que latía verdad, autocelebración
de triunfos.
En su escuela, una escuela pública, se reflejaban
estas realidades en las que había que creer. Creyó
entonces en una democracia que se iniciaba en su
salón de clases, mundo en el cual, por supuesto,
él participaba con una parte democráticamente importante.
"En E.U.A. es importante, a cualquier edad y en
cualquier ocupación, el ser "popular". No
he conocido otra sociedad en la que la disciplina
mantenga una alta estima. Yo era popular. Yo era
"normal".
Pasarían varios años para que Fuentes lograra descubrir
la realidad de la tierra mexicana. Mientras tanto
vivió en Chile y Buenos Aires en donde tuvo un acercamiento
importante con grandes personalidades de la esfera
cultural, como Pablo Neruda y David Alfaro Siqueiros
entre otros.
Llega a México a la edad de 16 años donde
estudió la Preparatoria.
Se inició en el periodismo como colaborador de la
revista "Hoy" y obtuvo el primer lugar del concurso
literario del Colegio Francés Morelos.
Posteriormente obtiene el titulo de Licenciado
en Derecho por la UNAM.
En 1950 viaja a Europa y realiza estudios de Derecho
Internacional en la Universidad de Ginebra. Aquí
logró complementar su perspectiva literaria: La
épica moderna había sido la épica de la primera
persona del singular, del Yo de San Agustín a Abelard,
a Dante, Rosseau, Stendhal, Proust, Joyce.
A su regreso a México, Fuentes descubría en sí mismo
que su verdadero bautismo se lograba en la idea
de que no importaba a dónde fuera, el español debía ser la lengua de su obra y Latinoamérica la cultura de su lengua. Para entonces Octavio
Paz había escrito dos libros que daban un nuevo
perfil a la literatura mexicana: "Libertad bajo
palabra" y "El laberinto de la Soledad" obras que
influyeron notablemente las perspectivas de Fuentes.
De su amistad con Paz aprendió que no existían culturas,
razas, ni políticas privilegiadas; que nada debía
apartarse de la literatura porque nuestro tiempo
vivía el momento de las mortales reducciones.
Para la generación de Fuentes, el problema no consistía
en descubrir la modernidad de México sino
su tradición. El pasado se encontraba brutalmente
dañado por la enseñanza petrificada que se impartía
en las escuelas secundarias; predominaban formas
grotescas de nacionalismo. Un maestro marxista le
dijo en una ocasión que leer a Kafka era antinacionalista;
un crítico fascista le dijo lo mismo y un autor
mexicano que daba una pomposa lectura en Bellas
Artes juzgaba a los lectores de Proust como prostituidos.
En 1959 publica sus primeros cuentos titulados "Los
días enmascarados", reunidos en la Colección
Los Presentes. Al lado de Emmanuel Carballo dirige
la "Revista Mexicana de Literatura", y "El Espectador"
con Víctor González Olea y Enrique González Pedrero.
El México de los años cuarenta y cincuenta que Carlos
Fuentes describió en "La región más transparente",
es un México imaginario, tal como escribiera sobre
el México de los años ochenta y noventa en "Cristóbal
Nonato". Pensaba que el Londres de Dickens y el
París de Balzac no podían haberse conocido si ellos
no los hubieran primero imaginado.
Su obra recibe en este momento una importante influencia:
el pensamiento y la obra de Balzac.
Durante los años sesenta vivió en París, Venecia,
Londres y México. En 1962 escribe "Aura" novela
en la que nunca quiso resolver un enigma. Lo importante
era reconocer que ahí existía un enigma.
En los setenta estuvo en el Instituto Woodrow
Willson de Washington. Fue embajador de México en Francia (1972-1978) cargo al que renuncia
en el momento en el que Gustavo Díaz Ordaz es nombrado
embajador de México en España. El Ex-Presidente
era el asesino del movimiento estudiantil del 68
en Tlatelolco.
En 1984 recibe el Premio Nacional de Ciencias y en 1987 se le otorga el Premio Cervantes.