Alejo
Carpentier nace en La Habana el 26 de diciembre
de 1904, hijo de un arquitecto francés y
de una rusa de refinada educación.
Estudia sus primeros años en La Habana y, a la edad
de doce años, se traslada con su familia a París,
asistiendo durante unos años al liceo de Jeanson
de Sailly.
Se inicia en los estudios musicales con su madre,
desarrollando una intensa vocación musical que se
reflejará a lo largo de toda su obra.
Ya de regreso a Cuba, comienza a estudiar la carrera
de Arquitectura, que finalmente no acabaría.
Empieza a trabajar como periodista y a participar
en movimientos políticos izquierdistas, formando
parte, entre 1923 y 1924, del "Grupo Minorista"
que abogaba por una renovación de los valores nacionales
de Cuba. Más tarde, se incorpora a las movilizaciones
políticas contra Machado y el imperialismo
norteamericano.
Es encarcelado, y será en prisión donde escribirá
su primera novela; "Écue-Yamba-Ó", publicada
en España en 1933.
En
el año 1928, una vez recuperada la libertad, se
exilia a Francia donde permanece hasta 1939, siendo
uno de los pocos hispanoamericanos que forma parte
del movimiento surrealista, del que acabará renegando.
Llegó a escribir para la revista "Révolution
surréaliste" por encargo expreso del poeta
y crítico literario francés André Breton.
Posteriormente, vuelve a Cuba y trabaja en la radio
y lleva a cabo importantes investigaciones sobre
la música popular cubana.
Viaja por México y Haití donde se interesa por las
revueltas de los esclavos del siglo XVIII. De esta
inquietud nace su primera gran obra "El reino de
este mundo" (1949), que marcó el inicio de una larga
carrera literaria caracterizada por el análisis
cultural que hace de la América Latina. En dicha
novela narra la historia de la revolución haitiana
y del tirano del siglo XIX Henri Christophe.
En 1945 marcha a vivir a Caracas y no vuelve a Cuba
hasta 1956, año en el que se produjo el triunfo
de la Revolución castrista. Desempeñará diversos
cargos diplomáticos para el gobierno revolucionario.
En 1976 es galardonado con el Premio Cervantes
de Literatura.
Muere en 1980 en París, donde era embajador
de Cuba.
Se le considera el primer representante del llamado
"Realismo mágico" que él consideraba patrimonio
del continente americano. Defiende lo "real maravilloso"
frente a lo "maravilloso surrealista" que
considera artificioso.
